El siguiente relato fue premio "Cuaderno de Bitácora" en el I Concurso de Relatos de "La Taberna del Puerto", un magnífico foro náutico de internet.
Melilla, la aventura cercana...
Fotos de Luis
Tenemos asumida la idea de que para vivir experiencias únicas, inolvidables aventuras, hay que irse al otro lado del mundo. Sin embargo existen posibilidades cercanas y asequibles y no por ello dejan de constituir una aventura plena de sensaciones.
Cruzar el Mar de Alborán… Navegar de un continente a otro por aguas que fueron surcadas por antiguas naves de olvidadas civilizaciones… Leyendas de piratas y bucaneros, como Al Borani, -en turco “tempestad, tormenta”-, que utilizó la isla que lleva su nombre, como refugio… Visitar la ciudad de Melilla, descubrir su sabor, sus amables gentes, su ambiente, donde conviven, con mutuo respeto, distintas culturas…Navegar por la costa marroquí… Descubrir sus calas casi vírgenes, aparentemente desérticas y desiertas…
La idea es rápidamente aceptada y apoyada por la tripulación del Dos Lunas, un velero de 10 metros, un Camper & Nicholson 32, del año 75. Un diseño de quilla corrida que no tiene la amplitud ni las comodidades de los diseños modernos, pero que es un barco muy marinero. Inspira confianza su manera de cortar las olas.
La tripulación: cuatro amigos Bernard, Paco, Luis y Jose. Nos conocemos de hace bastante tiempo y sabemos que no van a haber problemas de convivencia. Respeto a la diferente opinión, buen trato, buenas conversaciones, sentido del humor en cantidades industriales…Todos confiamos en todos sin confianzas. Iríamos juntos a donde fuera.
Aunque la idea inicial fue acudir a Melilla durante su Semana Náutica, disfrutar de ese ambiente que se genera en su puerto durante esos días, al final por cuestiones de trabajo salimos mas tarde de lo previsto. La meteorología, que había sido favorable para cruzar directamente desde Puerto Marina en Benalmádena, -nuestro puerto base-, hasta el día anterior, se torna finalmente adversa, (Levante F 5 con rachas de 6 hacia alta mar y en las aguas costeras de Alborán) y decidimos ganar barlovento pegados a la costa durante algunas singladuras para tener el viento por la aleta durante el cruce. Por lo que ponemos rumbo a Puerto Marina del Este cuando salimos la tarde del sábado 13 de Agosto.
Día primero.
Pegados a tierra, no hay Levante, mejor dicho, no hay nada de viento, con lo que vamos a motor con la mayor arriba. Disfrutamos de la vista de la costa pues la placidez de sus aguas nos lo permite. Vamos identificando pueblos de nombres tan evocadores como La Cala del Moral, Benajarafe, Torre del Mar, Vélez Málaga, Nerja… durante una puesta de Sol que nos hace sentir la suerte, el privilegio de estar vivos, de ser parte de ese infinitesimal porcentaje de la materia del universo que es consciente de sí misma y de su entorno…
Cae la noche y nos vamos acercando a nuestro destino. Sobre las 23:00, empezamos a llamar por la radio a Marina del Este para saber si tienen sitio para nosotros o tenemos que continuar hasta Motril. No hay respuesta en la radio. Vemos las luces en la distancia del precioso restaurante de la playa que hay junto al puerto y la idea de unas cervezas bien frías y unas raciones de pescaito nos hace entrar en el puerto esperanzados. Sigue sin haber respuesta en la radio y vemos tres barcos en el muelle de espera, mala señal. Desde uno de ellos una chica nos dice que no hay más que un vigilante jurado pero que no sabe donde está. De todas formas, no hay sitio. Seguimos para Motril, lamentando el tiempo que nos han hecho perder por no responder a la radio. La mar sigue como un plato y esa navegación nocturna hasta Motril la disfrutamos todos. Son las 12 de la noche y llamamos a Motril por la radio. Inmediatamente nos responde un eficaz marinero. Nos espera para darnos atraque. En la aproximación al puerto, pasamos cerca de enormes cargueros que se encuentran fondeados en su rada. El puerto de Motril es muy grande y tiene una gran actividad comercial. De pronto, una enorme boya nos pasa a apenas 1m. por el costado de estribor. No tiene ninguna luz, y Paco inmediatamente se va con el foco a la proa. Ya no habrá más sorpresas.
Atracados, es la 1 de la noche y no encontramos abierta mas que una heladería ¡donde tienen también cervezas frías! Cenamos cerveza y helado y nos vamos a dormir. Es la primera noche, y entre el mar de fondo de levante que comienza a sentirse incluso en el interior del puerto y los ruidos de los barcos cercanos, uno con el tangón suelto que rodaba por su cubierta atronando, -lo descubrimos a la mañana siguiente-, el caso es que dormir no se duerme mucho.
Día segundo.
Nos levantamos temprano. Aseo, formalizamos nuestro atraque en la oficina y nuestra salida, pues nos vamos de forma inminente, pero no sin antes desayunar como mandan los cánones y las buenas costumbres, esto es, dos veces. Dejamos atrás Motril con su bonito club náutico que despierta a la mañana del domingo veraniego. Ponemos rumbo a Almerimar. Pegados a tierra como vamos, hay levante flojo, pero el magón, la mar de fondo, empieza a aumentar.
El cabo Sacratif, Adra, aparecen los característicos invernaderos almerienses… ¡como brillan!, no nos extraña que se vean desde el espacio. Unas albóndigas de lata frías para matar el gusanillo y por fin entramos en Almerimar, donde siempre hay sitio y nos tratan bien. Duchas y unas cervezas frías. Paseo por el puerto. Se nota que es un puerto con mucho trotamundo. Nos dedicamos a observar las características de éste o aquel barco que tiene tal o cual curiosidad. Durante la cena y con la información meteorológica fresca, decidimos que cruzamos al día siguiente. Nos espera madrugón y nos empiltramos pronto.
Día tercero
Las 5 de la madrugada. Noche oscura cuando empiezan a sonar las alarmas de los teléfonos móviles. Aseo y reparto rápido de tareas, -uno prepara un frugal desayuno, otro comprueba los niveles del motor…-, para estar saliendo de puerto a las 6 a.m. Salir de madrugada de un puerto tiene un encanto especial. La tranquilidad y el silencio que imperan te dan la autentica dimensión de lo que es un puerto, nada más -y nada menos- que un refugio donde los barcos permanecen seguros y las tripulaciones descansan. Noche cerrada aún, la mar sigue bastante calmada. El Mar de Alborán nos espera. Sigue sin haber suficiente viento y seguimos a motor y mayor. Poco a poco, a medida que nos alejamos de la costa, va clareando el día. Poco después. Luis puede fotografiar un amanecer espectacular. A medida que nos alejamos de la costa, el viento de levante empieza a subir lo que nos permite sacar la génova y ver como el barco se alegra, un velero está hecho para ir a vela.
Seis nudos de media y ya nos han visitado varias veces los delfines. La tierra del continente europeo se desvanece por la popa y comenzamos a sortear el intenso tráfico de mercantes que, primero van hacia el estrecho de Gibraltar y después los que vienen de él.
“¡Tráfico por estribor!, tomar marcación y esperar. A ver, este nos pasa por la proa sin problemas. Este otro por la popa…” No tuvimos que maniobrar a ningún mercante salvo en una ocasión durante la singladura de regreso.
A medida que nos adentramos en alta mar, y se acercan las horas centrales del día, el viento del E comienza a arreciar. Se cumple la previsión de encontrar áreas de fuerte marejada y se decide tomar rizos a la mayor. Durante la maniobra la génova que es un papel de fumar, después de muchos años de servicio, se raja completamente. Desde ese momento y durante el resto del viaje tuvimos que ir a motor con la mayor izada. Horas sin ver un solo barco. Enormes olas que debemos sortear dándoles la aleta de babor, por lo que “manolito” –el piloto automático-, es relevado. Vemos a delfines surfear las olas. ¡Habrase visto bichos más juguetones! El mar es un espectáculo. Olas rompientes por doquier. Espumarajos varios. Algunas veces una ola más grande que las otras nos rompe justo al tocar el casco y nos rocía de espuma. Hace calor y no molesta. El día va avanzando y nosotros con él nos aproximamos a la costa africana. Seguimos sin ver un solo barco y casi de repente entre las olas divisamos el perfil de la isla de Alborán. Parece un enorme portaaviones. En su día será un lugar donde se construirá un Parador Nacional y un pequeño puerto desde donde saldrán embarcaciones que sacarán a los albergados a ver cetáceos, abundantes en estas aguas. Pero eso será en el futuro. Ahora solo se aprecia en el extremo Sur de la isla una pequeña construcción donde se alojan los militares que la custodian y ejercen la soberanía.
Continuamos viaje sin acercarnos a la isla, -la meteorología no es propicia-, mientras va cayendo la tarde y la mar se va tranquilizando poco a poco. Más delfines. Estos son pequeños. Juegan en la proa como si le echaran carreras al barco. Alguno salta con inusitada fuerza y, ya en el aire, golpea con fuerza la superficie del mar, como si quisiera decirnos “mira lo que sé hacer”. Apreciamos sus miradas desde el agua junto a la proa. Nos observan como nosotros a ellos. Se aprecia que no estamos muy lejos unos de otros en el enorme árbol de la vida.
Va haciéndose la oscuridad y por fin aparece entre la bruma, las montañas que constituyen el cabo Tres Forcas. A unos metros vemos los enormes lomos negros de otros animales. Estos no vienen a jugar. Pensamos que pueden ser calderones aunque no estamos seguros pues ya no se ven bien.
Entramos en la cara Este de la península del cabo Tres Forcas, llamamos por radio a Puerto Noray en Melilla y nos contestan de inmediato, cosa que nos reconforta. No hay problema de atraque, nos esperan. El viento ha caído y en la oscuridad, apreciamos a otras embarcaciones, en su mayoría pequeñas barcas pesqueras alauitas. Aparecen unas potentes luces en nuestra derrota. Al acercarnos vemos que es una barca pequeña con una potente luz de gas y un tipo tumbado dentro. Está pescando, seguramente calamares. Por fin entramos en el puerto de Melilla. En un momento dado, miramos para detrás y vemos asombrados como la enorme proa del ferry que une Melilla con la península la tenemos a 30 m. Suerte que no nos ha pitado que si no nos da un infarto. Entramos en Puerto Noray, un refugio dentro de otro refugio. Nos dan atraque y nos tratan con mucha amabilidad. Son las 12 de la noche y nos vamos inmediatamente a cenar a algún restaurante que quiera darnos de comer en el mismo puerto. Nos sentamos a la mesa cansados, salados, tostados por el Sol, resecos por el viento. La mente llena de imágenes de olas, olas y mar, mucho mar y delfines…Nos miramos con complicidad. Hemos llegado.
Día cuarto.
Visita a Melilla. Compra de regalos y especias. Visitamos el mercado donde compramos fruta fresca para avituallar el barco y curioseamos entre los puestos de pescado, que está a muy buen precio. Esta ciudad tiene un encanto especial, quizás por ser cabeza de puente de un continente en otro. A medio día comemos a base de cervecitas con tapas, reforzadas con algunas raciones. Después un té moruno, con hierbabuena y mucho azúcar. Sabia combinación propia de estas latitudes, que curiosamente, a pesar del calor que hace, nos refresca. Quedamos con Natacha y Javier. Son de Melilla y se les nota que han sabido disfrutar de lo mejor de su tierra. Nos enseñan su precioso barco velero y nos llevan en su todo terreno, con el que han recorrido medio Marruecos, a cenar. La conversación es amena. Han tenido experiencias que nos son muy interesantes. Nos despedimos pues zarpamos de nuevo al día siguiente, sabedores de que volveremos a encontrarnos y a retomar los temas de conversación apenas explorados.
Día quinto.
Potente desayuno antes de zarpar. Lo hacemos con cierta tristeza pues aún nos faltan muchas cosas por disfrutar en Melilla…, su recinto antiguo amurallado sobre el mar, su gastronomía…, pero así hay motivo (como si hiciera falta), para regresar. Nos vamos hacia la cara Oeste del cabo/península de Tres Forcas. Buscamos la cala de Tramontana pues Paco y Jose la conocen de otra ocasión y Javier y Natacha nos han explicado que en la cala de al lado, más al Sur, te preparan un pollo a la moruna para chuparse los dedos. Llamamos a Javier por teléfono móvil para que nos dé la meteorología que saca de Internet. Es día de role de levante a poniente y se espera que éste entre sobre las 12 UTC del día siguiente. Decidimos pasar el día bañándonos en la cala de Tramontana y partir rumbo directo a Benalmádena al atardecer. Vamos disfrutando de la espectacular vista de la costa marroquí. Pasamos entre el cabo y los islotes que hay a levante de éste. Luego el propio cabo. El paisaje es magnífico. En ciertos aspectos recuerda al de la costa del cabo de Gata. La mar está calmada y nos permite disfrutarlo. Tenemos cuidado con el bajo del Cuchillo, del que ya nos había advertido Javier y bordeamos poniendo rumbo Sur por la cara occidental del cabo. Vamos descubriendo calitas preciosas, hasta que llegamos a la grandiosa cala de Tramontana cuyo paisaje es sobrecogedor. Montañas desérticas la rodean y cercanas a la playa, algunas dunas de arena que casi llegan al mar. No hay construcciones, pero no está desierta. En su orilla Norte algunos toscos embarcaderos para las pequeñas barcas de pesca de los locales. Hay otros barcos, un par de yates a motor que vienen de Melilla como nosotros. Fondeamos y nos damos un baño refrescante. Bernard se coge aletas, gafas y tubo y se va de reconocimiento. El francés es muy salao y dicharachero y vuelve con una magnífica canoa rígida e información de cómo entrar en la cala de al lado, la del pollo, que le han dado los de uno de los yates. Con esto que iniciamos la operación “Carpanta”.
La cala siguiente a la de Tramontana, alberga una pequeña, muy pequeña aldea. Entramos en la cala por donde nos han recomendado y fondeamos. Se constituye un equipo que va a tierra a por el pollo a la moruna. Cogemos los pasaportes, y la radio VHF portátil y salimos para la playa. Allí preguntamos a un señor que vemos tranquilamente sentado bajo una sombrilla y resulta ser de Melilla. Está allí todo el verano con su familia y nos ofrece unas cervezas frías, amabilidad y educación a raudales. Nos cuenta que podemos estar absolutamente tranquilos, que no hay delincuencia alguna. Nos indica donde hacen el pollo. Bernard y Jose se acercan a encargar el pollo mientras Luis se queda tomando cerveza con el paisano de Melilla. La tasca donde preparan el pollo es del todo autentica. Al principio del enorme mostrador el esqueleto de un descomunal bogavante te mira con ojos saltones, rodeado de caracolas que aún huelen a la vida marina que albergaron antaño. El dueño nos saluda cortésmente en español y nos saca varios pollos vivos hasta que elegimos el que nos parece mejor. Nos dice que tardará una hora y cuarto en estar cocinado. Añadirá patatas fritas y ensalada. Bernard negocia el precio con el dueño que se da cuenta de su acento y le habla un poquito en francés. Mientras esperamos, nos invita a té con hierbabuena. Informamos a Paco que permanece en el barco: “Carpanta base, aquí carpanta en tierra, el pollo tardará una hora y quince minutos y vamos a esperar tomando té”. No se equivocó el dueño en el tiempo y una hora y quince minutos después, estábamos de nuevo a bordo con el pollo guisado, un tuper ware lleno de patatas fritas y otro con ensalada, dos panes catetos y una bolsa con el contenido de un cubo de hielo picado. Todo por 15 euros.
Después de devolver la canoa acompañada de una botella de vino blanco a sus dueños, nos zampamos el excelente manjar que constituía el pollo a la moruna, esto es, guisado con aceitunas, dátiles y ciruelas pasas. Se acercan los del yate de la canoa en una neumática y nos regalan una botella de vino tinto para acompañar al pollo. ¡Que gente más amable!
Otro bañito y zarpamos hacia Benalmádena. Nos responden a nuestro adiós con las bocinas todos los barcos de la cala de Tramontana, -es decir, los tres que había- dos motoras de Melilla y un catamarán a vela con bandera italiana que habíamos visto atracado también en Melilla. Todo tiene un aspecto…, una luz, especial. Alguno pensará, “eso es por las especias con que os aliñaron el pollo”, pero no. Tiene más relación con lo bucólico del paisaje, con su belleza, con la sensación de soledad, donde los seres humanos somos más solidarios, más amables, tenemos más necesidad de encontrarnos unos con otros. Nos despedimos de la cala de Tramontana, de sus pocos barcos fondeados con la sensación de que cualquiera de ellos nos hubiera acogido gustoso, deseoso de compartir conversación, compañía. Zarpamos hacia Europa. En nuestra mente nos llevamos los recuerdos, las imágenes de los habitantes de la cala del pollo, las mujeres lavando la ropa en una pila común, los niños correteando por la playa de aguas transparentes, incluso del burro que deambulaba tranquilo por la orilla. ¡Hasta la vista!
El Sol va cayendo sobre el horizonte a medida que la tierra va alejándose a nuestra espalda. Nos espera navegar toda la noche y gran parte del día de mañana. La mar está calmada cosa que agradecemos. Establecemos turnos de guardia, de 12 de la noche a 4 de la madrugada y de 4 a 8 de la mañana. Algunos nos vamos a intentar echar una cabezada pensando en la noche ya próxima.
Día sexto.
Son las 11 de la noche, estamos a apenas 30 millas de la costa africana cuando aparece Luis por el camarote de proa y nos larga "Oye, que hay relámpagos en la proa". ¿Comorrrrr?, ¡¡pero si no estaba previsto en la meteorología!! Pues al salir, el paisaje impone. Una noche brumosa, con ambiente pesado, el agua de la mar calmada, el cielo casi cubierto y una brisa de levante que nos parece más caliente de lo normal. Y, efectivamente, tenemos jolgorio en la proa. Allá a lo lejos, se aprecian fuertes fogonazos. Tras unos minutos, empezamos a ver con claridad la trayectoria de los rayos, o sea, que nos estamos acercando a la tormenta... Paco dice "Hay que quitarse eso de la proa como sea" Pues muy bien. Jose dice que, aunque lo más probable es que respondan que no tienen ni idea, va a hacer lo que considera correcto en esa situación: llamar a Málaga Radio por el canal 16 contarles que vemos una tormenta eléctrica en nuestra proa y solicitarles información de hacia donde se está moviendo esa tormenta, para poner un rumbo adecuado para evitarla. De paso comprobamos que tenemos enlace radio con España, lo que quita algo de hierro al asunto.
-"Málaga Radio, Málaga Radio, Málaga Radio, aquí la embarcación Dos Lunas, cambio"
Después del segundo intento responde Málaga Radio y nos manda al canal 26, su canal de trabajo, pero allí no nos responde por lo que volvemos al 16 y nos dice que le contemos que nos pasa.
-"... nuestra posición es tal, nuestro rumbo cual, y tenemos en la proa una tormenta eléctrica. Solicitamos información, por si ustedes la tuvieran, de hacia donde se mueve esa tormenta, al objeto de poner un rumbo adecuado para esquivarla"
-"Pues el parte meteorológico que tenemos para la zona no da tormentas eléctricas. Es lo único que puedo decirles..."
-"OK, Málaga Radio, muchas gracias de todas formas, que tengan buen servicio"
Lo que pensábamos, no tienen información actualizada de la meteo de la zona.
A ver, ¿para donde ponemos rumbo? El viento que notamos en superficie es claramente de levante, con lo que la primera idea es que la tormenta se desplaza desde el E hacia el W, con lo que nosotros deberíamos de poner rumbo al E, para alejarnos de ella.
Pero entonces, Bernard si fija en un claro donde las estrellas están siendo ocultadas por las nubes en altura de W a E, con lo que debemos suponer que en altura, el viento es del W, Eso nos hace decidir poner rumbo 270 y ver que pasa. Pues acertamos. La tormenta pasamos a tenerla por el través de estribor y poco a poco los fogonazos van quedando por la aleta. Después de un par de horas, apenas se ven y volvemos a nuestro rumbo inicial. El resto de la noche es más tranquila, diríase preciosa. Las nubes bajas se abren cada vez mas para dejar que la Luna, casi llena ilumine parcelas de mar, creando paisajes fantasmagóricos, las aguas alrededor del barco se iluminan con las fosforescencias de miles de medusas, algunas de ellas enormes. A menudo, delfines nadan a nuestro alrededor como torpedos fosforescentes... Cuando atravesamos alguna parcela iluminada por la Luna, el mar no parece de agua, más bien tiene el aspecto de metal líquido, un metal espeso, oscuro y brillante a la vez. No hemos visto un solo barco desde que salimos de la cala de Tramontana. El parte meteorológico da como un PAN PAN que existe visibilidad reducida en aguas del estrecho debido a bancos de niebla, rogando a todos los buques que extremen la vigilancia. En esos momentos piensas en el barco. Te acuerdas de las horas que se dedicaron a su mantenimiento…. Te alegras de conocerlo íntimamente. Casi lo sientes como si estuviera vivo y le agradeces que te mantenga a flote, seco y que continúe llevándote a casa. Oteas el horizonte oscuro y te preguntas a que distancia está. ¿Tengo unas pocas decenas de metros de visibilidad, o varias millas? Escrutas con los prismáticos esa incierta línea. De vez en cuando, aún se aprecian algunos fogonazos allá lejos, por la aleta de estribor.
Por fin empieza a clarear el día y vas viendo como tu horizonte es más amplio de lo que pensabas. Debemos estar en mitad del cruce, en mitad del Mar de Alborán cuando a las 9 de la mañana entra el poniente bruscamente. Sumado a la corriente general entrante hacia el E, nos hace ir muy lentos, miras el GPS, tres nudos, tres nudos y medio, tres nudos…Hay que poner proa más al Norte. Por fin, y tras 26 horas de navegación, entramos en Puerto Marina extenuados, somnolientos, curtidos por la sal y el viento, pero, sobre todo, satisfechos.
Tenemos la mente repleta de imágenes, vivencias, recuerdos que serán nuestro refugio durante el próximo invierno, que nos confortarán todos los inviernos.
Paco y Bernard mirando la meteo
Aunque la meteo habia sido cojonuda para cruzar directamente desde Benalmádena dos dias antes, finalmente cuando salimos el sábado dia 13 (con un par) de agosto por la tarde, empezaba a meterse el levante, por lo que decidimos ir costeando, rumbo a Pto.Marina del Este donde pensabamos pasar la primera noche.
Aunque estaba anunciado levante, pegados a tierra no habia nada
Durante todo el viaje disfrutamos de muy buen ambiente y camaraderia...je,je,je
Algunas vistas de la travesia hacia Pto. Marina del E
Durante los proximos dias decidiriamos en funcion de la meteorologia si cruzabamos a Melilla o no. Sobre las 11-30 de la noche llamamos por radio a Marina del Este para preguntar si tenian atraque para nosotros y no hubo respuesta por mas que lo intentamos, por lo que tuvimos que entrar en el puerto, y allí lo mismo. Ningun marinero a la vista. En el muelle de espera, un velero guiri y una motora, desde donde por fin una amable muchacha nos dijo que no habia atraques y que solo habia un guardia jurado por el momento ilocalizable. Pos nada, muchas gracias y nos vamos para Motril, donde finalmente nos respondieron correctamente en la radio y un eficiente marinero de guardia nos dio atraque.
Eran la 1 de la noche y buscamos un sitio para cenar. Nada. Solo una heladeria abierta donde tambien tenian cervezas. Pues una cerveza y helado de postre.
Al dia siguiente, muy temprano salimos de nuevo rumbo a Almerimar. No llamé al cofrade Sotileza por ser domingo y muy temprana hora, por lo que queda pendiente el conocernos. Habrá ocasion seguro.
Vista del Club Nautico de Motril, en el interior del puerto de Motril
Empezaba la costa almeriense
Muy cerquita del puerto de Almerimar, nos cruzó la proa una enorme motora que levantó una ola que parecia una pared. Paco que iba en la proa voló ingrvido por un momento. El aterrizaje le proporcionó un enorme cardenal, que aun le dura.
Esa tarde del domingo llegamos a Almerimar. Consultamos la meteo y decidimos que podiamos cruzar al dia siguiente.
El Dos Lunas en el muelle de espera de Almerimar
Muuuuyyy tempranito, no sé como me las apaño, pero la verdad es que de Almerimar siempre tengo que salir muy temprano, salimos con rumbo a Melilla.
Vistas de aquel amanecer
Un momento, que compruebo como están saliendo las fotos y sigo...
Edito para no separar el relato...
Nos cruzamos con un montón de enormes mercantes a los que Luis no dejó de fotografiar.
Tuvimos un tiempo sorprendentemente bueno, hasta que estuvimos en medio del Mar de Alborán, que coincidió con las horas centrales del dia, y refrescó bastante.
En la maniobra de cojer el segundo rizo a la mayor, la génova se rajó completamente. La verdad es que era algo que esperaba, pues era muy antígua y estaba ya en muy mal estado cuando compré el barco. Tuvimos qoe proseguir ya el resto del viaje con el motor y la mayor.
Terminamos cojiendole el tranquillo al asunto de ponernos de aleta a las olas mas grandes y despues volver a nuestro rumbo.
Tambien tuvimos constantes encuentros con delfines de varias especies diferentes.
Algunos, daban enormes saltos, saliendo por completo del agua y en su vuelo golpeaban con la cola la superficie del mar, como si nos dijeran "mira lo que sé hacer..."
Era la primera vez que veia a delfines surfeando olas.
Pudimos ver a lo lejos el perfil portaavionesco de la mítica isla que da nombre a este mar: Alborán
Por fin ya anocheciendo, apareció envuelta en brumas la costa africana.
Un poco más tarde establecimos contacto por el canal 9 con el puerto deportivo de Melilla y nos respondieron que teniamos atraque en cuanto llegaramos, lo cual, para qué negarlo, nos reconfortó mucho.
Sobre las 11 de la noche entramos en Puerto Noray, dentro del puerto de Melilla. Como en otras ocasiones, fueron muy amables.
Conseguimos cenar magníficamente en un restaurante sito en el propio puerto, ducha y a dormir, que estabamos reventaos.
Sigo...
Al dia siguiente, paseo por la ciudad, visita al mercado para reabastecernos de fruta, compra de especias morunas, comida a base de cervecitas con su tapa y alguna racion, todo delicioso, luego un té verde con mucha hiervabuena y regreso al puerto donde habiamos quedado con el Rapero y Natachamar.
Si es que somos como niños...
Cuando aparecieron Natacha y Raperrr, fue como si nos conocieramos de toda la vida. Empieza a sonar a tópico pero es la verdad. Copita en nuestro barco, copita en el suyo, ¡que preciosidad de barco tiene el Tabernero! (varios miembros de mi tripulacion salieron enamoraos del barco del Tabernero y ya están pensando en convertirse en armadores...), en fin, que nos fuimos todos a cenar en plan cervecitas con tapas y raciones.
Al dia siguiente nos levantamos temprano para irnos a pasar el dia a la costa W del cabo Tres Forcas, concretamente a la cala de Tramontana, que es sencillamente espectacular.
Bernard sacando el barco del puerto de Melilla
Costa marroquí
Luis disfrutando
Cabo Tres Forcas
Una patrullera alauita se acercó un poco, pero en cuanto vio que llevabamos correctamente enarbolado el pabellon de cortesia marroquí, se dio la vuelta.
Pequeñas calitas en el lado E del cabo
Allí las montañas tienen ojos...
Y por fim, la grandiosa cala de Tramontana...
Natachamar y el Rapero vivieron una experiencia única y muy especial en esta cala, hace unos años.
En esta cala, pegada a la de Tramontana por el S, te hacen un pollo a la moruna que te chupas los dedos, asi que...
continuo...
Ambiente de la playa en la cala del pollo, (ahora no recuerdo su nombre)
El amigo Bernard, que es francés pero mu salao, se recorrió la cala de Tramontana -con aletas y gafas-, requiriendo informacion y volvió con una canoa rigida cojonuda que le habian prestado los de una motora de melilla que tambien estaban en la cala de Tramontana, y con la informacion necesaria para entrar con seguridad con el barco en la cala de al lado, a por el pollo, con lo que comenzó la operacion Carpanta...
Todos nos dimos un buen baño
Rumbo a la otra cala a por el pollo
El comando Carpanta. Comienza el desembarco...
Ahí funcionó muy bien llevar la radio portatil... "Carpanta base, carpanta base, aqui Carpanta en tierra. El pollo va a tardar una hora y cuarto pero esperaremos tomando té con menta" "Carpanta en tierra aqui carpanta base... ¡¡Cabrones!!"
El comando Carpanta de regreso. Un pedazo de pollo a la moruna(te lo enseñan vivo para que tu lo elijas), Patatas fritas a mansalva y ensalada, mas los tuper wares para contenerlos, mas 2 panes catetos diriamos aquí, mas un cubo de gielo, todo por 15 euritos.

Bernard devolviendo la canoa a sus dueños. ¡Que amables fueron!. Desde aquí, nuevamente gracias.


Desde allí y tras comernos el pollo, al atardecer, pusimos rumbo directo a Benalmádena, con la prevision meteo que nos habia facilitado Raperrr por telefono, (dia de role del viento de levante a poniente que entraria sobre las 12 del dia siguiente), así que cuanto antes levaramos ancla mejor.
sigo...





Y ahora viene lo mejor. Sobre las 11 de la noche, (ya habiamos establecido los turnos de la guardia), aparece el amigo Luis por el camarote de proa y nos larga "Oye, que hay relampagos en la proa". ¿Comorrrrr?, ¡¡pero si no estaba previsto en los boletines meteo del canal 16!! Pues al salir, el paisaje imponia. Una noche brumosa, con ambiente pesado, el agua del mar calmada, el cielo casi cubierto y una brisa de levante que nos parecia mas caliente de lo normal. Y, efectivamente, teniamos jolgorio en la proa. Allá a lo lejos, se apreciaban fuertes fogonazos. Tras unos minutos, empezamos a ver con claridad la trayectoria de los rayos, osea, que nos estamos acercando a la tormenta... Me dice Paco "Quitate eso de la proa como sea" Pues muy bien. Les digo a todos que, aunque lo más probable es que me respondan que no tienen ni idea, yo voy a hacer lo que considero correcto en esa situacion: llamar a Málaga Radio por el canal 16 contarles que veo una tormenta eléctrica en mi proa y solicitarles informacion de hacia donde se está moviendo esa tormenta, para yo poner un rumbo adecuado para evitarla.
-"Málaga Radio, Málaga Radio, Málaga Radio, aquí la embarcación Dos Lunas, cambio"
Despues del segundo intento me responde Málaga Radio y me manda al canal 26, su canal de trabajo, pero allí no nos responde por lo que volvemos al 16 y me dice que le cuente que me pasa.
-"... mi posicion es tal, mi rumbo cual, y tengo en mi proa una tormenta eléctrica. Solicito informacion, por si ustedes la tuvieran, de hacia donde se mueve esa tormenta, al objeto de poner un rumbo adecuado para esquivarla"
-"Pues el parte meteorológico que tenemos para la zona no da tormentas eléctricas. Es lo único que puedo decirles..."
-"Ok, Málaga Radio, muchas gracias de todas formas, que tengan buen servicio"
Lo que pensaba, no tienen informacion actualizada de la meteo de la zona.
A ver, ¿para donde ponemos rumbo?. El viento que notabamos en superficie era claramente de levante, con lo que la primera idea fue que la tormenta se desplazaria desde el E hacia el W, con lo que nosotros deberiamos de poner rumbo al E, para alejarnos de ella.
Pero entonces, Bernard si fija en un claro donde las estrellas están siendo ocultadas por las nubes en altura de W a E, con lo que debemos suponer que en altura, el viento es del W, Eso nos hizo decidir poner rumbo 270 y ver que pasaba. Pues acertamos. La tormenta pasamos a tenerla por el través de estribor y poco a poco los fogonazos fueron quedando por la aleta. Despues de un par de horas, apenas se veian y volvimos a nuestro rumbo inicial. El resto de la noche fue más tranquila, pero preciosa. Las nubes bajas se abrian cada vez mas para dejar que la Luna, casi llena iluminara parcelas de mar, creando paisajes fantasmagóricos, las aguas alrededor del barco se iluminaban con las fosforescencias de miles de medusas, algunas de ellas enormes. A menudo, delfines nadaban a nuestro alrededor como torpedos fosforescentes...

Pero al poco tiempo de amanecer, nos entró el poniente fresco que casi nos venia por la proa, lo que unido a la corriente que habia E, nos hacia ir a apenas 3,5 nudos, por lo que tuvimos que poner un rumbo mas hacia el N. Como teniamos rota la génova, no pudimos disfrutar del viento, y el motor, con la helice que llevo no daba más. Fue la parte mas dura del viaje.
Cruzamos de nuevo la ruta de los mercantes...




El mar nos movia como una coctelera y yo terminé potando por la borda mientras Luis y Bernard, sorprendentemente amarinados, repostaban una petaca de 20 litros de gasoil en el interior de la cabina, como si nada. En fin, la falta de sueño, el poco comer... pero seguí llevando la caña lo que me aliviaba bastante. Para la próxima, no olvidaré lo del jengibre de Bixo!!


Por fin, despues de 26 horas de navegacion, llegamos a Benalmádena la tarde del jueves.
Pues eso es casi todo.
La semana pasada les puse un e-mail al INM contandoles lo sucedido, aun no he tenido respuesta.
Finalmente, después de varios intentos, el INM (hoy día AEMET) respondió que tomaba nota de lo sucedido y que intentaría mejorar sus protocolos de actuación para esos casos.