La tormenta que los dioses enviaron
Por José Rafael Gómez
joserafael.gomez@hotmail.com
"Cuando Aquél que ordena la intranquilidad nocturna, envíe una lluvia de tizón, ¡sube a bordo y clava la entrada! .../… El tiempo señalado llegó: Aquél que ordena la intranquilidad nocturna envía una lluvia de tizón".
Fragmento de la Epopeya de Gilgamesh
Los misioneros cristianos que llegaron a América durante el siglo XVI se quedaron absolutamente sorprendidos al constatar que la historia del diluvio ya era conocida en cierto modo por muchos pueblos precolombinos. Aquellos indígenas tenían su propia leyenda de lluvias catastróficas, con sus propios héroes sobrevivientes. Algo parecido les sucedió a los pastores protestantes que llegaron a Australia dos siglos después.
Hoy en día sabemos que la leyenda del Diluvio Universal es el mito más extendido geográfica y étnicamente hablando, de cuantos se hallan en el acervo cultural de los pueblos que habitan la Tierra. Referencias a una pretérita inundación con tan devastadoras consecuencias que acabó con la humanidad anterior y fue origen de la actual, se encuentran en el folclore de más de 500 culturas situadas en todos los continentes habitados.
Aunque para explicar tales hechos la antropología oficial nos habla de “mitos de refundación” (cuadro adjunto 1), es evidente que la elección mayoritaria de la forma en que la humanidad anterior sucumbe y nace la nueva (lluvias incesantes) hace que muchos se planteen que tras estas historias debe haber algo más. Quizás todas ellas respondan a un hecho real, acontecido en algún momento del pasado remoto de la humanidad. El problema es que no se han aportado buenos argumentos que puedan dar una explicación al misterio.
Hasta ahora.
Distintas hipótesis
Hasta el siglo XIX, en nuestra cultura occidental oficialmente no se tenían dudas sobre la existencia y razón de ser del Diluvio Universal: ¡era un castigo divino!
No es hasta mediado el siglo XX cuando se comienzan a formular teorías para explicar el mito. En 1958 Charles H. Hapgood en su libro “Path of the Pole”, nos lanza su idea acerca de un deslizamiento brusco de la corteza terrestre sobre el manto, motivado por la combinación del movimiento de rotación del planeta y el enorme peso de la gruesa capa de hielo acumulada sobre vastas extensiones del hemisferio norte, por estar la Tierra inmersa en su cuarta glaciación. Como resultado de este desplazamiento las masas de hielo habrían quedado en latitudes más cálidas, produciéndose su rápida fusión. Esto tendría como consecuencia que el nivel del mar habría subido bruscamente en todo el planeta, ocasionando inundaciones catastróficas que habrían sido la base para las leyendas diluvianas.
Aunque el propio Albert Einstein elogió la hipótesis de Hapgood al prologar su libro, tal idea es, a todas luces, incorrecta pues no sólo necesita suponer que el comportamiento a corto plazo del manto terrestre es como el de un fluido, si no que además ignora aspectos tales como los datos paleomagnéticos, geológicos, paleontológicos o la datación de los hielos antárticos o de Groenlandia, puntos que eran en gran medida desconocidos cuando Hapgood formula su hipótesis. (Ver cuadro adjunto 2)
Más recientemente, en 1997, los geólogos marinos Walter Pitman y William Ryan, de la Universidad de Columbia, publicaron una teoría basada en una entrada de agua masiva que, a través del estrecho del Bósforo y procedente del Mediterráneo, habría inundado sobre el año 5.800 AC una extensa superficie de terreno entorno a las orillas del antiguo lago de agua dulce que se encontraba donde hoy existe el Mar Negro. Esta brusca inundación habría motivado que los pueblos que vivían en las orillas de este enorme lago, tuvieran que abandonar sus tierras y trasladarse a otras zonas más elevadas, dando origen a la historia del diluvio. En el verano del año 2000 una expedición dirigida por Robert Ballard, halló vestigios de construcciones a 100 m. de profundidad en el Mar Negro y esto ha sido considerado por algunos medios de comunicación como la confirmación de que la idea de Pitman-Ryan era correcta, especialmente en lo relativo al diluvio.
Pues bien, sin negar la probabilidad de que la inundación del Mar Negro se produjera realmente de la manera que los dos geólogos proponen, el haber encontrado restos arqueológicos a 100 m. de profundidad en ese mar no confirma específicamente esa teoría del origen del mito diluviano pues, como luego explicaremos, el nivel del mar durante la última glaciación estuvo más bajo que en la actualidad y es seguro que los asentamientos humanos que por entonces se afincaran en las orillas de los océanos, quedasen sumergidos al volver a subir el mar cuando finalizó la glaciación.
Según los propios autores, el nivel del Mar Negro debió aumentar a un ritmo continuado de 30 cm. al día durante semanas. Esto seguramente fue motivo de un vasto movimiento de migración de los pueblos afectados hacia otras zonas más elevadas, pero no es probable que constituyese el cataclismo exterminador del que nos hablan las leyendas de diluvios. Tampoco explicaría la enorme universalidad del mito, es decir, no puede asumirse fácilmente que miembros de aquellos pueblos llegasen a los confines del planeta (Australia, Polinesia, Sudamérica…) con su historia en unos pocos miles de años. No existe además un rastro ni arqueológico ni genético de tales migraciones.
Otros investigadores han apuntado la hipótesis de que el diluvio pudo estar originado por la caída de un enorme meteorito en el hemisferio sur, hace 5.000 ó 6.000 años, pero de ese extraordinario evento deberían haber quedado evidencias fáciles de detectar por los geólogos en la actualidad y no parece haber ningún indicio en tal dirección.
Pero entonces, ¿existe una respuesta al misterio?
Lo que mejor explicaría el mito diluviano es que realmente se hubiera producido en algún momento de la antigüedad un fenómeno de lluvias incesantes, en todo el planeta y prácticamente al mismo tiempo. Pero ese extraordinario evento no tendría explicación… ¿O quizás sí?
Para tratar de resolver el enigma, debemos ocuparnos ahora de otro asombroso suceso del pasado para el que los científicos no tienen una respuesta concluyente: el estrambótico final de la cuarta glaciación. Quizás relacionando adecuadamente estos dos misterios pueda surgir una respuesta para ambos.
La Cuarta Glaciación
Para poder comprender las extrañas circunstancias que acompañaron el final de la última glaciación y el advenimiento del clima que desde entonces tenemos en nuestro planeta, debemos conocer sucintamente la climatología que se dio durante este frío periodo.
La cuarta y última glaciación que ha sufrido la Tierra comenzó hace 115.000 años, cuando nuestra especie ya había surgido en el Sureste de África. Entonces y por razones de índole astronómica, en distintos lugares del planeta, las nieves que habían caído durante el invierno no terminaron de derretirse del todo al final del verano y las nuevas precipitaciones de nieve del nuevo invierno encontraron una superficie idónea para cuajar y perdurar, iniciándose un proceso de acumulación que se mantendría durante los siguientes 100.000 años. El agua que se evaporaba de los océanos no era devuelta a éstos en igual proporción al quedar en parte depositada en forma de nieve sobre las tierras emergidas. Esto hizo que gradualmente el nivel del mar bajara, llegando a estar en los periodos más fríos hasta 140 metros por debajo del actual. Sin embargo, lo que resulta más llamativo del periodo de glaciación, desde nuestra perspectiva climática actual, no es que las temperaturas medias globales estuvieran en torno a 15º C. por debajo de las que disfrutamos en nuestros días, ni siquiera que el nivel de los océanos bajase; lo más curioso es que el clima durante la última glaciación fue terriblemente inestable. Se produjeron bajadas agudas de las temperaturas para, en relativamente muy poco tiempo, recuperarse e incluso alcanzar en algunos lugares valores cercanos a los actuales en esas mismas zonas.
Mientras nuestros ancestros salían de África para extenderse por otros continentes, sufrieron variaciones climáticas que duraron unos pocos milenios y a veces tan sólo algunos siglos. Estas variaciones son conocidas por los científicos con el nombre de estadiales e interestadiales, según las temperaturas fuesen más o menos bajas respectivamente e iban acompañadas de bajadas y subidas en el nivel del mar de hasta 35 metros.
Esta inestabilidad del clima, de producirse en nuestra época, nos parecería catastrófica, sin embargo, en aquel tiempo no existían actividades humanas que pudieran provocar o acentuar esa oscilación térmica.
Inestabilidad climática durante la Ultima Glaciación según el sondeo GISP II de Groenlandia. Interestadiales cálidos señalados con números y y episodios Heinrich (suelta masiva de icebergs en el Atlántico Norte) con barras azules. Se señala también la compartimentación temporal en estadios isotópicos marinos (mis). YD es el último período frío: el Younger Dryas (Del libro “Historia del clima de la Tierra”, del profesor Antón Uriarte Cantolla)
Para hacernos una idea, sería como si en la época romana las temperaturas hubieran sido casi como las que tenemos hoy en día y así se hubieran mantenido durante unos pocos cientos de años para luego bajar 15 grados durante toda la Edad Medía. Y luego, después de ese mini periodo glacial, en el Renacimiento habrían comenzado a subir de nuevo hasta alcanzar en nuestros días otra vez temperaturas más suaves, un corto periodo tras el cual volverían a bajar produciendo otros 1.000 ó 2.000 años de glaciación tras los cuales volverían a subir y así sucesivamente durante gran parte de los 100.000 años que duró la glaciación. Desde nuestra actual perspectiva climática estable, esta situación sería un completo disparate, pero es lo que sucedió durante la última glaciación.
Hace 11.500 años, el final de la Cuarta Glaciación no sólo trajo una subida generalizada de las temperaturas medias de entre 10 y 15 grados centígrados en todo el planeta, si no que esa subida… ¡se produjo en un periodo de tiempo de poco más de 10 años!
Y más asombroso aún: a partir de entonces, el clima se estabilizó.
¿Qué extraordinario suceso tuvo que producirse para que el clima se calmase como nunca antes se había visto en la historia climática de este planeta? ¿Qué motivó esa fuerte subida de temperaturas en tan corto periodo de tiempo? La respuesta nos llega de nuestros antepasados: llovió. Llovió incesantemente durante días y días. Llovió de tal manera que el recuerdo de aquellos tiempos quedó grabado en la memoria cultural de todos los pueblos de la Tierra.
El Diluvio Universal
Lluvias torrenciales e incesantes, generalizadas a escala planetaria. Esto es lo que se infiere de las múltiples leyendas diluvianas que han llegado hasta nosotros. Pues bien, existe una posibilidad que podría explicarlo todo.
Nuestro sistema solar se encuentra viajando en el espacio. Da una vuelta en torno al centro de la galaxia cada 250 millones de años y durante ese viaje podemos cruzarnos con una asombrosa variedad de materiales. La idea de que el espacio es un medio vacío no se ajusta a la realidad. De hecho anualmente caen a nuestro planeta miles de toneladas de material interestelar y se considera que una parte del agua de nuestros océanos es de procedencia extraterrestre.
Existen en el espacio galáctico inmensas nubes de polvo y gases cósmicos. Algunas de estas nubes interestelares están constituidas en su mayor parte por minúsculas partículas de hielo helado. Esto es conocido por los astrónomos y de hecho, en dos recientes informes financiados por la NASA y publicados en la revista científica Geophysical Research Letters, el astrónomo Alex Pavlov, de la Universidad de Colorado en Boulder, afirma que en el pasado, la Tierra pudo haber sufrido intensísimas glaciaciones al haber atravesado el sistema solar una de estas nubes. Prueba de que esto ha sucedido en la historia de nuestro sistema solar podrían ser los anillos de Saturno cuya composición parece ser precisamente esa.
¿Qué habría pasado si la Tierra hubiera atravesado una nube de polvo de hielo de dimensiones moderadas y baja densidad, hacia el final de la última glaciación?
En primer lugar es muy probable que se produjeran bajadas de temperaturas globales al interponerse la nube o partes de ella entre el Sol y nuestro planeta, lo que amortiguaría los rayos solares que recibimos. Y después, al ser atraídos por la gravedad terrestre, jirones de esa nube se precipitarían en la atmósfera aportándole grandes cantidades de polvo de hielo. ¿Qué ocurre cuando una partícula de hielo entra en nuestra atmósfera? Que se funde debido a su velocidad y al roce con los gases atmosféricos, convirtiéndose en vapor de agua. Un aporte masivo de estas partículas tendría dos consecuencias: primero un descomunal aumento del vapor de agua atmosférico, lo que elevaría rápidamente y de forma espectacular el efecto invernadero, acarreando una inmediata subida de las temperaturas en cuanto el camino de los rayos solares a la Tierra se hubiera despejado lo suficiente. Y después, por saturación, se producirían lluvias torrenciales generalizadas en todo el planeta.
Y esto es justamente lo que nos dice la historia climática. El comienzo del deshielo que marca el inicio del periodo de desglaciación que puso fin a la Cuarta Glaciación se produce hace 20.000 años con un lento cambio hacia temperaturas más cálidas. Pero, una vez iniciado el ascenso térnico, se producen dos episodios de regreso al frío llamados Oldest Dryas y Younger Dryas, durante los cuales y a pesar de la bajada de temperaturas, no se produjeron descensos en los niveles de CO2 ni en el nivel del mar, que continuaron extrañamente ascendiendo.
Hace alrededor de 14.700 años, después del primer regreso al frío del Oldest Dryas, las temperaturas comenzaron a subir y en unas pocas decenas de años alcanzaron un valor medio casi semejante al actual. Los registros en los hielos de Groenlandia nos dicen que las precipitaciones de nieve que se produjeron entonces aumentaron bruscamente, pasando a ser el doble de las anteriores. Después de este rápido calentamiento, que duró entre 10 y 50 años, las temperaturas regresaron lentamente al frío, periodo conocido como Younger Dryas, en el que se alcanzaron valores muy bajos (hace entre 12.200 y 11.500 años) a pesar de que por entonces, la intensidad de la radiación solar era superior a la actual. Finalmente hace unos 11.500 años, las temperaturas volvieron a subir, con una velocidad que deja perplejos a los climatólogos, del orden de 15º C en poco más de 10 años, manteniéndose así hasta nuestros días.
Un aporte hídrico al sistema climático de esa magnitud, lo habría estabilizado sin duda, lo que también coincide con lo observado.
La historia climática también nos dice que después del final de la glaciación, el clima fue sustancialmente más húmedo en todo el mundo. Es la época en la que el árido Sahara se encontraba salpicado de lagos y zonas pantanosas.
Aunque es posible que ya se hubieran dado episodios de lluvias intensas con anterioridad (final del Oldest Dryas), hace 11.500 años pudieron producirse lluvias torrenciales y continuadas en todo el planeta que constituirían el origen de todas las leyendas diluvianas.
Estas lluvias habrían terminado con la inestabilidad climática y este hecho habría sido determinante para los seres humanos al permitir el desarrollo de la agricultura. Tal y como se nos relata en los distintos relatos de diluvios, la lluvia acabó con la humanidad anterior (cazadora, recolectora y nómada) y ocasionó el nacimiento de una nueva humanidad (agrícola, ganadera y sedentaria). Si las piezas encajan, ¿por qué no creer a nuestros antepasados?
Aterrorizados bajo una intensa lluvia acompañada de terribles relámpagos, sin ver el Sol durante semanas, tuvieron que encontrar una explicación. Estaban bajo la tormenta que los dioses les enviaban para castigarlos.
Comentarios a pie de foto:
-¿Lluvias catastróficas hace 11.500 años? Justamente la misma cronología que Platón nos da para la desaparición de la Atlántida, presa de inundaciones y diluvios.
-La Esfinge de Gizeh presenta pruebas geológicas de haber estado bajo lluvias durante una enorme cantidad de tiempo. ¿O fue durante menos tiempo pero el agua cayó del cielo con intensísima virulencia y de forma continuada?
Cuadro adjunto Nº 1
El hecho de que existan leyendas se diluvios en tantas culturas del mundo es explicado por la Antropología como “mitos de refundación”, naturales en los orígenes culturales de los pueblos.
En cuanto a la universalidad, la antropología social y cultural tiene dos teorías para explicar el hecho de que pueblos diferentes, muy distanciados geográficamente, presenten procesos similares de desarrollo cultural. La primera, formulada en el siglo XIX, es la llamada “evolucionista”, postulaba que esta similitud en los desarrollos culturales procede de la “unión psíquica” de toda la humanidad. Posteriormente se aporta la idea de que esta similitud de desarrollos culturales se debe a que todos los pueblos tuvieron que hacer frente a necesidades materiales parecidas. En cualquier caso, tratar de dar explicación a la universalidad del mito diluviano mediante estas argumentaciones, me parece exagerado. No es suficiente. Quizás el hecho de no tener una explicación basada en hechos físicos evidentes, llevó a algunos antropólogos a dar una respuesta un tanto forzada para explicar el hecho de que la leyenda diluviana sea común a tantos (y tan separados geográficamente), pueblos. Además, destacados antropólogos de principios del siglo XX, como el germano-estadounidense Franz Boas y el estadounidense Alfred Louis Kroeber, adoptaron puntos de vista bastante antievolucionistas, ya que mantenían que los procesos culturales y sociales han sido tan dispares en todo el mundo que es difícil discernir algún proceso o tendencia general.
Cuadro adjunto Nº 2
Razones paleomagnéticas: Cuando el magma se solidifica formando rocas, en ellas queda registrado el magnetismo terrestre de ese momento, señalando la situación de los polos magnéticos del planeta. No se ha detectado ninguna anomalía en el paleomagnetismo de las rocas que nos indique un desplazamiento anormal de la corteza terrestre.
Razones geológicas.
El manto terrestre, debido a su temperatura y a las presiones a las que está sometido, se comporta como un fluido sí, pero en una dilatada escala de tiempo, en millones de años. Por ejemplo, las placas continentales americana y la africano-europea se separan del orden de 2 cm. anuales) A corto plazo, la consistencia del manto es la de sólidas rocas.
Más aun, la idea del desplazamiento brusco de la corteza terrestre sobre el manto, no tiene en cuenta que la superficie de unión de estas dos partes del planeta no es uniforme, por ejemplo, bajo los océanos la corteza presenta un espesor de alrededor de 6 Km., sin embargo, debajo de los continentes aumenta considerablemente este grosor, llegando a tener varias decenas de Km. bajo las cordilleras montañosas.
Motivos paleontológicos.
No se han encontrado restos fósiles datados en los últimos 100.000 años que no correspondan al clima que se supone tendría la zona geográfica donde fueron hallados.
La datación de los hielos antárticos.
Pero, sobre todo, debemos tener en cuenta que ni la edad del manto de hielo antártico ni groenlandés refleja este desplazamiento brusco y relativamente cercano en el tiempo que nos propone Hapgood.
Por ejemplo, un equipo de científicos del European Project for Ice Coring in Antartica, ha conseguido extraer recientemente un testigo de 3.130 metros de largo, lo que supone el acceso a 740.000 años de archivos climáticos. Es decir, en la Antártida se acumula hielo desde hace, como poco, esa cantidad de tiempo.