OVNIs: análisis de una realidad   

Por José Rafael Gómez
joserafael.gomez@hotmail.com

 

La mayoría de la población no cree en los OVNIS. Según una encuesta Gallup realizada en 1997 en Estados Unidos, sólo el 45% de los entrevistados piensan que el fenómeno OVNI es real. En Europa el porcentaje es similar. En España una reciente encuesta reduce la cifra a tan sólo el 37% de los encuestados. Después de más de 60 años de historia ufológica contemporánea, después de decenas de miles de libros y artículos escritos, de miles de programas de radio y televisión sobre el tema de los no identificados, la mayor parte de la población no tiene nada claro este asunto. Pues bien, hoy en día puede decirse acertadamente que el tema OVNI no está sujeto a creencia sino a conocimiento y que la controversia no debería estar en si existen o no, sino en que es lo que son en realidad.

¿Naves extraterrestres? ¿Tecnología secreta de potencias terráqueas? ¿Simples fenómenos naturales poco conocidos? ¿Alucinaciones de testigos propensos a mal interpretar fenómenos explicables?
Quizás las respuestas se encuentren en la información que ya tenemos y sólo estén esperando una adecuada reflexión…  

 

La Ecuación de Drake fue concebida en 1961 por el radioastrónomo y presidente del Instituto SETI, Franl Drake. Esta fórmula predice que el número de civilizaciones tecnológicas que existen en nuestra galaxia podría estar entre 10 en el caso más restrictivo y millones!! cuando se escojen los parámetrops más favorables y se calcula que el número de galaxias que hay en el Universo supera los cien mil millones. Debido a que una estrella al final de su vida termina por destruir a los planetas que la orbitan, toda civilización tecnológica que perdure en el tiempo está abocada a trasladarse. Para ello deberá dominar los entresijos del viaje interestelar.

Nuestra civilización es extremadamente joven, apenas hemos entrado en la era tecnológica pero muchos de nuestros científicos sostienen, en un alarde de cerrazón, que los viajes interestelares rápidos no son posibles y que por ello el contacto directo en tiempo real entre dos o más civilizaciones estelares es también imposible. Sin embargo su afirmación es válida únicamente desde el punto de vista de nuestra civilización, con los conocimientos que actualmente tenemos. Conviene recordar aquí que afirmaciones tales como “No podremos respirar en túneles”, “La ciencia está casi terminada”, “Algo más pesado que el aire no puede volar” o “Del cielo no pueden caer piedras, porque en el cielo no hay piedras” referido a los informes sobre meteoritos, fueron en su día hechas por reputados científicos y expertos de la época.

Probablemente los científicos de dentro de 300 ó 400 años verán muchas de las opiniones de la Ciencia actual tan equivocadas como vemos hoy muchas de las que se tenían en los siglos XVIII o XIX. Por ejemplo, durante décadas los científicos nos han dicho que nada puede superar la velocidad de la luz y sin embargo hoy empezamos a vislumbrar a través del fenómeno conocido como entrelazamiento cuántico que existe un vínculo que se transmite de forma instantánea entre fotones. Por ahora sabemos que ese vínculo actúa en lo referente a la información, pero ¿quién sabe a donde podría llevarnos esa particularidad?

 Hoy estamos tecnológicamente en pañales pero, ¿qué ocurrirá cuando vayamos a la universidad?  Pues bien, debemos admitir que en el Universo puede haber civilizaciones que ya tengan el doctorado.

Partiendo de estas premisas, el siguiente paso en nuestro análisis es hacernos la siguiente pregunta:

¿Tendría que establecer necesariamente contacto cualquier civilización extraterrestre que nos hubiera detectado? La respuesta es obvia: No.

Si existiese una gran diferencia tecnológica entre dos civilizaciones es seguro que un contacto entre ambas afectaría severamente la evolución de la más atrasada, en todos los niveles: tecnológico, político, cultural… y es muy posible que existiese un compromiso universal de “no intervención” o de “no afectación” si se quiere, asumido por las civilizaciones más avanzadas. También es posible que ese hipotético compromiso pudiera incumplirse en determinadas circunstancias que veremos más adelante.

La siguiente cuestión es más peliaguda: ¿está nuestro planeta siendo visitado actualmente por alguna o algunas de estas civilizaciones?

Para muchas personas la respuesta es No, porque de lo contrario, esas civilizaciones se habrían puesto en contacto con nuestros gobiernos y éstos nos habrían informado de tal evento y tal cosa no se ha producido.

Pero como hemos visto, podría ocurrir que estuviéramos siendo visitados sin que nuestros visitantes hubieran establecido un contacto “oficial”.

Por otro lado, desde 1947 hay una enorme cantidad de testigos que aseguran haber visto objetos y luces en nuestros cielos cuyas características y comportamiento no encajan en lo que conocemos, son los objetos voladores no identificados, los OVNIS. La cuestión estriba entonces en ver si detrás de esa casuística hay un fenómeno real y en tal caso, qué puede inferirse de él.

Cuando la Ciencia se encuentra ante hechos de naturaleza desconocida utiliza un eficaz modo de razonar conocido como la “navaja de Ockham” que viene a decir que “en igualdad de condiciones, la solución más sencilla es probablemente la correcta”. Así, ante una fotografía de un supuesto platillo volante un científico optará siempre por pensar que es más probable que se trate de un reflejo casual, de un defecto de la cámara, cuando no directamente de una falsificación, que de una nave procedente de otra parte del universo y este planteamiento no debe ser criticado pues razonamientos como la navaja de Ockham han contribuido, junto a otros, al avance de la Ciencia. Por lo tanto, tenemos que ser muy cuidadosos a la hora de elegir los casos a valorar. Debemos basar nuestras conclusiones únicamente en aquellos que soporten la aplicación de tal método de razonamiento. Así lo han hecho las investigaciones gubernamentales más serias que se han realizado y que veremos más adelante.

En ese sentido en España se produjo un avistamiento paradigmático, el conocido como caso Manises.

Este famoso incidente, el primero en la historia que motivó una interpelación parlamentaria al gobierno español, presenta una serie de circunstancias que lo convierten en uno de los casos mejor documentados del mundo. Brevemente relatado, se trata de un avión de pasajeros que la noche del 11 de noviembre de 1979 despegó del aeropuerto de Palma de Mallorca con destino a las islas Canarias y que poco después de sobrevolar la isla de Ibiza se encontró con lo que los pilotos describieron como dos luces rojas cuyas evoluciones en el aire, con maniobras imposibles para cualquier aeronave conocida y a corta distancia del avión, motivaron que el comandante del vuelo informara a los controladores aéreos y posteriormente, decidiera desviarse de su ruta para aterrizar de emergencia en el aeropuerto valenciano de Manises. Las extrañas luces acompañaron al avión de pasajeros hasta la vertical del propio aeropuerto, donde permanecieron prácticamente estáticas casi una hora, pudiendo ser observadas desde tierra por personal del aeropuerto entre los que se encontraban su director y su jefe de seguridad. En total más de 50 personas avistaron estas luces desde el aeropuerto de Manises y desde la base aérea que por entonces existía junto a aquél. Mientras tanto un avión de combate era alertado y despegaba desde Albacete con dirección a Valencia donde llegó minutos después. El piloto de combate avistó las extrañas luces y persiguió a una de ellas durante alrededor de 50 minutos, después de los cuales, el caza regresó a su base. Como hechos curiosos, hay que destacar que el avión de combate no llegó a detectar nunca ni mediante su radar, ni mediante localizadores de infrarrojos, al objeto que perseguía. Eso sí, el piloto informó que en un momento dado, durante la persecución le saltó la alarma de estar siendo “blocado” por un radar de onda continua cuya dirección de procedencia era la del objeto o luz que tenia delante. Este tipo de radar es el usado por los misiles aire/aire para guiarse hasta su blanco. Así mismo, el piloto declaró más tarde que cuando aceleró su avión a 1,6 la velocidad del sonido, logró vislumbrar en la luz una forma semiesférica, hasta que el no identificado volvió a tomar nuevamente distancia. Los radares de tierra no captaron ningún objeto, salvo el de Benidorm que detectó hasta 5 ecos en altura pero que fueron achacados a “ruido”. Tras estos hechos, se abrió una investigación por parte del Ejercito del Aire español que concluyó con la aceptación de que esa noche hubo “un tráfico no identificado en la zona, de procedencia desconocida”. Hoy día el expediente del Ejercito del Aire se encuentra desclasificado y puede consultarse libremente. Así mismo, las declaraciones de los testigos, todos ellos excelentes profesionales de la aviación, también se encuentran recogidas en entrevistas hechas por programas de televisión que trataron este caso con la seriedad requerida, entrevistas que pueden encontrarse en lugares de internet como Youtube.

Hubo quien trató de dar explicaciones a este incidente buscando argumentos como que los pilotos se confundieron con las torres de la refinería de Cartagena. Los propios protagonistas se encargaron de desecharlas con razonamientos obvios y sencillos.

Así pues, algo de procedencia desconocida estuvo aquella noche en los cielos del levante español.  Algo que demostraba estar guiado por una inteligencia pues interactuó con el avión de combate, blocandolo con un haz de radar de onda continua y, después de permanecer estático durante casi una hora sobre el aeropuerto, desplazándose, aparentemente huyendo del caza, cuando éste llegó a Valencia.

Pues si admitimos que existe una inteligencia detrás del comportamiento de aquella luz, lo siguiente es deducir de dónde procede, es decir, si nos encontramos ante algún tipo de tecnología secreta de alguna potencia de la Tierra o, por el contrario, viene de fuera de nuestro planeta.

Existe una corriente de opinión que sostiene que los avistamientos de OVNIS corresponden a aeronaves secretas de las grandes potencias de nuestro planeta, esto es, pertenecientes a Estados Unidos o a Rusia (antes la Unión Soviética). Sin embargo, si tenemos en cuenta que vienen produciéndose avistamientos de OVNIS con testigos de calidad desde 1947, y que la economía preponderante en el mundo es de tipo capitalista, de estar esa tecnología en manos de cualquier país ya habría saltado al mercado y por poner un ejemplo, estaríamos volando desde Europa al Caribe en 30 minutos hace ya mucho tiempo. Por otra parte, la NASA ha estirado algunos años el uso de los transbordadores espaciales por no contar aún con un sustituto viable y desde luego no se detecta que en ninguno de los recientes conflictos bélicos se haya utilizado tecnología que permita hacer a las aeronaves las maniobras que se han observado en OVNIS por testigos de calidad. Y éstos son sólo algunos ejemplos. Pero si se dispusiera de esa tecnología y no se pusiese al servicio de la sociedad, las razones que se me ocurren para poder explicar esto son aún más complicadas que interpretar que esa tecnología no es de la Tierra, por lo que, siguiendo el método de razonamiento de la “navaja de Ockham”, debo quedarme con la hipótesis extraterrestre.

Por otro lado, esa es precisamente la conclusión a la que llegan comisiones de investigación gubernamentales que han tenido como objetivo la búsqueda de la verdad como lo fueron el Proyecto Signo en los Estados Unidos al comienzo de los avistamientos y más recientemente el Informe COMETA en Francia. Ambas investigaciones fueron promovidas por militares preocupados por la posible amenaza que, de ser ciertos los avistamientos, podrían suponer y ambas contaron con un selecto equipo de expertos civiles y militares en muy distintas ramas del conocimiento. Aunque después entraremos a valorar más en profundidad estas investigaciones, debemos adelantar que ambas concluyen admitiendo la hipótesis extraterrestre como la explicación más probable para esos casos cuyas circunstancias los hacen plenamente creíbles y que no tienen otra explicación científica.
 
Ahora debemos dar el siguiente paso en nuestro análisis: si estamos siendo visitados por civilizaciones extraterrestres, ¿qué grado de conocimiento tienen nuestros gobiernos?

Aunque es muy poco probable que las inteligencias extraterrestres hayan establecido “contacto oficial”, esto no significa que nuestros gobiernos no sepan que nos visitan. Desde el comienzo de los avistamientos en 1947 han sido varios los países cuyos gobiernos han creado comisiones para el estudio de los no identificados. Y algunas de esas comisiones terminaron sus informes señalando la hipótesis extraterrestre como la más probable para explicar los avistamientos. Por lo tanto, al menos algunos gobiernos lo saben.

En Estados Unidos, en el verano de 1947, después del caso Kennneth Arnold y la oleada de informes de avistamientos subsiguiente, alguno de los cuales presentaba testigos y circunstancias de  enorme fiabilidad, el gobierno norteamericano se tomó muy en serio este asunto pues se planteó la posibilidad de que fueran aeronaves de otras potencias que violaban el espacio aéreo estadounidense. Se creó una comisión para el estudio de los informes OVNIS que se llamó “Proyecto Signo” y que contó con la participación de militares, científicos y universidades y que estudió un total de 273 casos. La conclusión de esta comisión fue que muchos de los informes tenían explicación científica, pero no todos. Para los casos a los que no encontraron explicación, el proyecto Signo estimó que debían tener origen extraterrestre. Pese a que estos resultados se hicieron públicos, esta comisión fue clausurada y en adelante el gobierno promovió nuevos proyectos de investigación con la orden explícita de dar una explicación “no extraterrestre” al cien por cien de los casos, dando comienzo al encubrimiento de la verdad. No se trata, como algunos fantasiosos afirman, de que el gobierno de los Estados Unidos mantuvieran un oscuro pacto con los alienígenas con quien sabe que malévolas intenciones. El motivo del encubrimiento que comenzó después de los resultados del Proyecto Signo probablemente fue impedir la alarma social y mantener en secreto ante otros países la existencia de esas visitas por si, llegado el caso, el país podía beneficiarse de un contacto privilegiado con los alienígenas.

Por otro lado, existen normativas como la directiva JANAP 146 que se aplica tanto a militares como a ciertos civiles (comandantes de la aviación civil y capitanes de la marina mercante) de los Estados Unidos y de Canadá. Les prescribe informar urgentemente a ciertas autoridades, quienes deben a su vez dar cuenta con toda prioridad al Comando de Operaciones del Aire (NORAD) en Colorado Springs, cuando observen objetos que necesiten una acción defensiva muy urgente y/o una investigación de las fuerzas armadas de los Estados Unidos o Canadá. Entre estos objetos se encuentran los OVNIS. La divulgación del contenido de esos reportes cae en el ámbito de las leyes que prohíben el espionaje. JANAP 146 estaba en vigor estos últimos años y puede que todavía lo esté. Este reglamento puede explicar la frecuente reticencia de militares y pilotos americanos a mencionar el tema de los OVNIS.

En otros países el asunto de los no identificados se ha abordado de manera más abierta a la opinión pública. Así, en Francia, el 16 de julio de 1999 la revista VSD publicó, con una tirada de 70.000 ejemplares, el llamado Informe COMETA. Un estudio  realizado por el Comité de Estudios Avanzados, un grupo de científicos, militares y especialistas en diferentes materias, cuyo primer título fue “Los Ovnis y la Defensa, ¿para qué nos debemos preparar?”.

Este informe tenía como principales receptores el Primer Ministro, Lionel Jospin y el Presidente de la República de Francia, Jacques Chirac. Sin embargo una copia fue filtrada a los medios de comunicación. Este estudio está basado únicamente en aquellos casos producidos en Francia y en el resto del mundo cuyas circunstancias y testigos los hacen indudables. En él se afirma lo siguiente:

“De este conjunto de hechos surge una firme conclusión: ciertos PAND (acrónimo en francés de Fenómeno Aeroespacial de Naturaleza Desconocida) parecen ser máquinas voladoras totalmente desconocidas, con maniobras y evoluciones excepcionales, guiadas por una inteligencia natural o artificial.”
Y finalmente concluye lo siguiente:
“La hipótesis extraterrestre es de lejos la mejor hipótesis científica; en absoluto prueba nada de manera categórica, pero tiene a su favor fuertes presunciones, y si es exacta, es grande en consecuencias.”

 Así pues, debemos entender que los gobiernos de varios importantes países son conocedores de la realidad OVNI. Sin embargo, dado que el comportamiento de estos no es agresivo, se entiende que no suponen una amenaza para la seguridad y se mira para otro lado, tratando de que no llegue demasiada información a la población para evitar su solivianto. En ese sentido es necesario admitir que una nefasta divulgación del fenómeno por parte de “ufólogos” poco serios o con poca calidad intelectual, unido a exitosos planes de desinformación han situado al tema OVNI en el ámbito de la fantasía para una gran parte de la población, como nos dicen las encuestas.

Hasta aquí, los hechos. Ahora podemos plantearnos la pregunta definitiva, entendiendo que su respuesta ha de ser por el momento especulativa, ¿por qué están aquí?

Aunque es posible que ya nos hayan visitado en nuestro pasado, siguiendo la línea de argumentación de este artículo, para tratar de dar respuestas debemos basarlas en la información inequívoca de la que disponemos y en ese sentido debemos admitir que los testimonios fidedignos de avistamientos que tenemos empiezan en 1947. Ciertamente  ya al final de la Segunda Guerra Mundial se reportaron informes de encuentros con esferas luminosas de poco tamaño (unas decenas de centímetros de diámetro) por parte de aviones de combate de ambos bandos, son los conocidos como “foo fighters”, pero la avalancha de avistamientos comienza en el verano de 1947 con el caso Kenneth Arnold. El hecho de que empezáramos a verlos poco tiempo después de que las primeras detonaciones de armas nucleares ocurrieran, da que pensar. Cabe plantear como hipótesis que, de algún modo, estas inteligencias detectaron nuestras actividades, comprendiendo que nuestra civilización había comenzado a descubrir y utilizar los secretos de la división del átomo y la física de partículas. Los aceleradores de partículas no tardarían en llegar y quien sabe que otros engendros cuánticos que pueden estar a la vuelta de la esquina y cuyo uso, en cierto modo inconsciente, podría acarrear  consecuencias fatales para nuestro planeta, para la galaxia o para el Universo mismo. Las detonaciones nucleares de los años cuarenta del siglo pasado activaron algún tipo de alarma cósmica: ¡ojo, que los niños han encontrado las cerillas!  Y quizás ese sea uno de los pocos motivos que justificarían su intervención, para evitar que cualquier joven e imprudente civilización pudiera poner en peligro su seguridad, la seguridad universal.