MARTE, siempre misterioso
Por José Rafael Gómez (joserafael.gomez@hotmail.com)
Desde que el hombre comenzó a mirar a los cielos en los albores de su cultura, de entre todas las luminarias que observaba, una llamó especialmente su atención: Marte.
Su tonalidad rojiza fue asociada a la sangre y motivó que los romanos lo identificaran como el dios de la guerra. Para ellos, además, Marte era hijo de Júpiter, rey de todos los dioses, y de su mujer, Juno y lo consideraban como una de las deidades más importantes pues pensaban en Marte como el padre del pueblo romano, porque era padre de Rómulo, el legendario fundador de Roma. Los nombres del día martes y del mes de marzo derivan del nombre de este dios.
Tuvieron que transcurrir muchos siglos para que, tras la invención del telescopio, los hombres volviéramos a fijarnos en Marte, esta vez no ya desde el punto de vista de la religión o la mitología, sino desde el interés de la ciencia.
Las primeras observaciones con telescopio fueron realizadas por Galileo Galilei en marzo de 1610. Pero en aquel momento, Marte se encontraba próximo a su conjunción con el Sol, muy alejado de la Tierra, por lo que Galileo no consiguió observarlo con detalle.
Fue en 1659 cuando el astrónomo holandés Christiaan Huygens observó por primera vez marcas en la superficie del astro. Pocos años después, en 1666, Jean-Dominique Cassini vio marcas brillantes en los polos marcianos: crecían y disminuían de acuerdo con las estaciones marcianas.
Ya entonces, científicos y pensadores de la época se planteaban la posible existencia de vida inteligente en aquel planeta. En 1802, el matemático alemán Karl Friedrich Gauss sugirió realizar una señal de inteligencia a los marcianos. En concreto, quiso hacer un triángulo gigantesco en las nieves de Siberia.
Pero fue a partir de 1877 cuando el misterio con mayúsculas comenzó a envolver al planeta rojo. En ese año el astrónomo italiano Giovanni Schiaparelli afirmó haber observado una serie de complejas líneas que se entrecruzaban en la superficie marciana. El las denominó “canali”, palabra que en italiano se refiere a canales o surcos pero que, al ser traducida al inglés, adquiere la connotación de algo artificial, algo no creado por la naturaleza.
Como fuere, otro astrónomo, el norteamericano Percival Lowell, fascinado por lo que Schiaparelli decía ver, fundó un observatorio en Arizona desde donde continuó con las observaciones. Lowell creyó descubrir toda una red de canales que, construidos por una avanzada civilización marciana, unían los casquetes polares con el ecuador al objeto de abastecer de agua esas desérticas regiones. La literatura hizo el resto. Novelas de ciencia ficción situaban en Marte agresivas civilizaciones que planeaban conquistar la Tierra. En 1938 Orson Welles aterrorizó a muchos norteamericanos al emitir en un programa de radio una adaptación de la novela de H. G. Wells, “La Guerra de los Mundos”. Posteriormente el cine y la televisión hicieron que Marte se fijara en nuestro subconsciente como fuente de extraordinarios misterios.
Observaciones de Lowell

Los canales de Lowell
Sin embargo, cuando comenzó la era espacial y el hombre envió naves a investigar de cerca el planeta rojo, se constató que en Marte no existía ninguna civilización. Aunque las imágenes que enviaron las primeras sondas mostraban algunos canales, estos se habían producido en el pasado remoto del planeta cuando el agua líquida erosionaba su superficie. Y, desde luego, no eran visibles desde la Tierra con los telescopios que existían en tiempos de Lowell, por lo que, lo que Schiaparelli y él creyeron ver se supone que fue una mezcla de efectos ópticos y sugestión psicológica.
La cara de Marte
No obstante, cuando en 1976 la nave de la NASA Viking 1 tomaba fotos de la superficie marciana buscando un buen lugar para que su nave hermana, la Viking 2, tomara tierra, algo curioso sucedió. La Viking 1 obtuvo una fotografía que se hizo rápidamente famosa. Mostraba una formación de 1,5 Km. de ancho por 3 Km. de largo, que presentaba claramente el aspecto de una cara humana. Aunque los científicos de la NASA la explicaron como un curioso efecto de luces y sombras, la cara dio nuevamente pábulo a quienes esperaban encontrar en Marte signos de vida inteligente. Como consecuencia de esto, cuando en 1997 la NASA volvió a enviar nuevas sondas a Marte, consideró la zona donde se encontraba la cara, un área conocida como “Cidonia”, como lugar de investigación fotográfica preferente, por entender “que era de interés para los contribuyentes”. Entonces la nave Mars Global Surveyor el 5 de abril de 1998 volvió a tomar una fotografía de la cara. Con una resolución diez veces superior a la foto de la Viking 1, la nueva imagen y otra más tomada por la misma nave en 2001, zanjaban definitivamente el misterio. La cara de la Viking 1 era el resultado de la casual orografía del terreno unida a la baja resolución de la cámara fotográfica de la época. Según la NASA, si alguna vez hubo vida o la hay en la actualidad, es a nivel microbiano. Y es en esta dirección en la que trabajan las misiones espaciales a Marte.
Fotografía enviada por la Viking 1
Fotografía tomada por la Mars Global Surveyor en 1998
Fotografía enviada por la Mars Global Surveyor en 2001

Entonces, ¿no hay misterios en Marte? Nada más lejos de la realidad.
Es cuando menos curioso el enorme número fracasos que se han dado en la historia de la exploración del planeta rojo, estadísticamente muy superior a los fracasos producidos al tratar de estudiar otros astros del sistema solar. Véase cuadro adjunto.
Por otro lado, el misterio de la cara, en mi opinión, aún no está totalmente resuelto. Consideremos que los propios científicos de la NASA y de la Agencia Espacial Europea sugieren que existen evidencias de que Marte, en un remoto pasado, tuvo agua líquida. Ríos y océanos, en un clima posiblemente más cálido que el actual. Con una atmósfera distinta, más densa. De haber existido una civilización hace cientos o incluso miles de millones de años, sus vestigios habrían sido prácticamente borrados por el tiempo. Cientos de millones de años de tormentas de polvo que afectan prácticamente a todo el planeta, diferencias de temperatura de muchas decenas de grados entre el día y la noche, entre una estación y otra, un continuo bombardeo meteorítico… no hacen pensar en que las evidencias de su existencia deban ser claras. Lo sorprendente de la cara marciana no es que su orografía recuerde vagamente a un rostro humano. Lo verdaderamente llamativo es la forma que presenta la meseta en la que se asienta. ¡Tiene el aspecto de una casi perfecta metopa! El hecho de que la zona de Cidonia en la que se encuentra fuese hace cientos de millones de años la costa de un océano y de que en sus proximidades también se hayan fotografiado estructuras geológicas que recuerdan a pirámides, da que pensar.
Lo sorprendente de la meseta conocida como “La Cara” es su perfecta forma de metopa
El área de Cidonia
Otra faceta de los misterios marcianos es la que se refiere a sucesos recogidos por las cámaras de las últimas misiones de la NASA., los vehículos de exploración marciana “Spirit” y “Opportunity”.
El misterio de Meridiani
Poco después de posarse sobre Marte en enero de 2004, (lo de posarse es un decir, pues el vehículo llegó a la superficie del planeta envuelto en una especie de bolsas inflables para amortiguar el impacto y se detuvo después de haber dado unos 30 rebotes), la Opportunity desplegó sus paneles solares y se desplazó lentamente sobre la planicie marciana conocida como Meridiani Planum. Los ingenieros de la misión se encontraban analizando las fotografías enviadas por el robot cuando se dieron cuenta de que, en una de ellas, aparecía un pequeño objeto de 4 a 5 centímetros que parecía tener la forma de las orejas de un conejo. Algunos de estos ingenieros comentaron que podría tratarse de algún trozo de plástico de la propia nave, del paracaídas o de las bolsas inflables en las que rebotó al caer. Mientras los técnicos elucubraban con qué podría ser, para complicar más las cosas, el objeto desapareció para ser localizado después a una distancia de unos 4 ó 5 metros de donde se encontraba la primera vez que se detectó. Aunque los técnicos indicaron que “el equipo piensa que esta pieza tan peculiar de material suave tiene que haber procedido de nuestro propio vehículo”, a este suceso se le conoce ya como “el misterio de Meridiani”.
Extraño objeto captado por la cámara de la Opportunity en Meridiani Planum
El OVNI de Marte
Sin embargo, más asombrosa aún fue la noticia que apareció en los noticieros de todo el mundo a finales del mes de marzo de 2004. El vehículo de exploración Spirit… ¡había fotografiado un OVNI cruzando el cielo de Marte! En un comunicado, el Jet Propulsion Laboratory de la NASA manifestó lo siguiente: “Al observar el cielo de Marte con el filtro verde de su cámara panorámica, el Spirit se ha encontrado con una sorpresa: un rastro en el cielo”. Se trataba de un extraño trazo en el cielo marciano que se cruzó en el objetivo de una de las cámaras del robot explorador. No caben muchas dudas de que parece tratarse de un objeto luminoso desplazándose a gran velocidad por la atmósfera del planeta rojo, pero hasta el momento los científicos no logran dar una explicación definitiva a la causa de tan sorprendente suceso. Dado que el objeto parecía moverse describiendo un arco de 4 grados en 15 segundos, los técnicos de la NASA han descartado que se trate de las sondas rusas 'Mars 2', 'Mars 3', 'Mars 5', o 'Phobos 2'; y también han descartado las naves estadounidenses 'Mariner 9' y 'Viking 1'. La única nave cuya posible trayectoria orbital podría coincidir en parte con la del objeto captado es la Viking 2, pero los técnicos de la NASA no están seguros de que eso sea lo fotografiado por la Spirit.
En el caso de que se tratara de un meteorito ésta sería la primera vez en la historia que se observa uno desde otro planeta. Pero también sería sorprendente que un meteorito se iluminase al contactar con una atmósfera como la de Marte, tenue y casi carente de oxigeno.
Enigmático objeto fotografiado por el robot Spirit en marzo de 2004 en el cielo marciano
Y, por último, en este sucinto repaso a algunos de los muchos misterios que aún esconde Marte, veremos el caso de la extraña limpieza a que fue sometido el vehículo robotizado Spirit.
La limpieza del Spirit
En el planeta rojo abunda el polvo. A veces se producen gigantescas tormentas de polvo que duran muchos meses y que afectan a gran parte del planeta. Los vehículos robots que trabajan en su superficie, tienen que sufrir este polvo que termina acumulándose sobre sus placas solares y limita su captación de energía solar. Pues bien, entre el 5 y el 15 de marzo de 2005, “alguien” o “algo” se encargó de limpiar concienzudamente el polvo que se había acumulado sobre el vehículo Spirit. Mediante la comparación de dos fotografías tomadas la primera el 5 de marzo y la segunda el 15 de marzo y la constatación de que a partir del 9 de marzo se produjo un significativo aumento de la capacidad de trabajo de los paneles solares del vehículo, que pasaron de un nivel de alrededor de 500 vatios a otro de 900 vatios, casi el máximo de su capacidad de trabajo, los técnicos admiten asombrados que esa limpieza se ha producido. En un planeta donde no llueve jamás, y donde los fuertes vientos suelen ir acompañados de polvo en suspensión, el robot sufrió una limpieza similar a la que le hubieran efectuado ¡en un servicio de lavado automático de automóviles!
Curiosa limpieza del Spirit. La fotografía de la izquierda corresponde al 5 de marzo de 2005 y la de la derecha a 10 días después.
Como hemos visto, Marte sigue encerrando enigmas. Hechos para los cuales aún no tenemos una explicación certera.
Cuando observemos su poderoso brillo en nuestros cielos nocturnos, aún podemos sentir, lícitamente, esa punzada que a los humanos nos produce el misterio.
La exploración espacial de Marte acumula una larga sucesión de fracasos y algunos espectaculares éxitos.
La historia de la exploración de Marte mediante naves espaciales, comenzó el 10 de octubre de 1960, cuando la Unión Soviética lanzó la Mars 1960A (Korabl 4). Aunque la nave estalló después de su lanzamiento, ése fue el primer intento en la era espacial de llegar al planeta rojo. Desde entonces y hasta ahora, se han intentado enviar a Marte un total de 38 misiones, de las cuales sólo 11 han tenido un éxito pleno. De las misiones que fracasaron o tuvieron resultados parciales, 9 naves se destruyeron al ser lanzadas o al entrar en la órbita terrestre, 8 se perdieron en el trayecto a Marte, 5 cuando ya habían entrado en la órbita marciana o se encontraban próximas a hacerlo y 6 perdieron el contacto con la Tierra al tratar de amartizar o instantes después de haberlo conseguido con éxito.
Algunos eventos en la exploración espacial de Marte
La primera nave que entró en órbita alrededor de Marte fue la estadounidense Mariner 4, en junio de 1965. Obtuvo las primeras 22 imágenes de su superficie.
El primer módulo de aterrizaje que se posó con éxito en la superficie del planeta fue la soviética Mars 3 el 2 de diciembre de 1971. Se perdió el contacto con él 60 segundos después del amartizaje sin que se tengan claros los motivos.
En el verano de 1976, las naves de la NASA Viking 1 y Viking 2 llegaron a la orbita de Marte enviando decenas de miles de fotografías. Sus módulos de aterrizaje amartizaron sin problemas siendo una de las misiones más exitosas de la historia de la NASA.
En enero de 1989, se perdió el contacto con la nave soviética Fobos 2 cuando se encontraba en órbita marciana enviando fotos de la superficie del planeta y de una de sus dos lunas, Fobos. La polémica envolvió este hecho pues se apreciaba un extraño objeto de enormes dimensiones en una de las últimas fotografías que la nave envió.
El 4 de julio de 1997, la Mars Pathfinder de la NASA, consiguió poner con éxito un vehículo robot en la superficie marciana. Sus hallazgos sugieren que en algún momento de su pasado, Marte fue tibio y húmedo, con presencia de agua en estado líquido y una atmósfera más densa.
El Mars Global Surveyor se insertó en órbita marciana el 12 de septiembre de 1997 y desde entonces obtiene imágenes de la superficie del planeta.
En 1998, Japón intentó enviar una nave a Marte. Durante el trayecto sufrió diversos problemas técnicos y finalmente se perdió.
La Unión Europea envió una misión a Marte en 2003. Aunque la sonda Beagle 2 que debía posarse en su superficie se perdió, el orbitador Mars Express ha sido un éxito para la Agencia Espacial Europea.
A principios de 2004, llegaron a Marte los vehículos robots Spirit y Opportunity. Hasta ahora, en pleno 2006, continúan enviando a la Tierra numerosas fotografías y datos.